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Lo que no sabes que se sabe de ti

septiembre 11, 2010

El WSJ publicó hace unos días What They Know, un interactivo que (es fácil adivinarlo) recoge datos que, muchas veces sin saberlo, los usuarios entregan al visitar determinadas páginas.

La teoría dice que es posible que, tras visitar la web de una empresa, ésta puede saber que vivo en Marte, que me interesan los autos solares, que me conecto a Internet 16 hrs al día, què compro por Internet, etc.

La prueba más evidente es que cuando vemos un video en Youtube o buscamos libros en Amazon, éstas páginas “nos sugerirán” canciones o libros relacionados con nuestro criterio de búsqueda. Y es aquí donde empieza el dilema

Todo lo que las empresas saben de nosotros ha sido puesto por nosotros (voluntariamente) por la gente con quienes nos relacionamos (cuando nos etiquetan) o por terceros que no tienen nada qué hacer y suben bases de datos (espero sean la minorìa de las veces)

La lógica me dice que solo tenemos dominio del primer caso. Para el segundo, ya medirán ustedes el miedo que produce una ex furiosa con tus peores fotos en su celular. Y es que hay tres actores vinculados en este tema: por un lado, nosotros, nuestros conocidos o alguien que quiera publicar nuestra información sin permiso y, por otro lado, las empresas o esos desconocidos que capturan la información

Una web puede ser más inteligente (o estúpida) en la medida que sepa qué hacer con la información nuestra (por ejemplo, sugerir) y, este mi punto, tiene todo el derecho a hacerlo, si antes cumple con el deber de decir claramente que lo hará. El problema es que ni el Estado lo dice claramente por, ya me dirán, publicar información no es lo mismo que darla a conocer. Las veces que buscamos cosas en las páginas de instituciones públicas, que seguro “están”, pero escondidas en un mar de información, podría considerarse como otra forma de ocultar información.

La defensa de las empresas que usan información que les damos puede ser el famoso “te lo advertimos” o “usted aceptó las condiciones” pero no nos engañemos. Si esas condiciones se presentaran de un modo tan claro como los avisos publicitarios, otro sería el cantar.